La añada del vino no importa demasiado

La añada del vino no importa demasiado

la añada no siempre es el factor determinante en la calidad y las características de ciertos vinos, especialmente aquellos con crianza y producidos en grandes volúmenes.

La clave reside en la gestión y el conocimiento técnico que las bodegas implementan para mitigar el impacto de las variaciones climáticas anuales. Aquí te detallo los principales motivos:

  • Selección rigurosa de uva: En añadas consideradas «complicadas» debido a condiciones meteorológicas adversas (lluvias excesivas, sequías, heladas, etc.), las bodegas con recursos y experiencia realizan una selección de uva mucho más exhaustiva. Esto implica descartar racimos que no cumplen con los estándares de calidad deseados, asegurando que solo la uva sana y con la maduración adecuada entre en el proceso de vinificación.
  • Técnicas de vinificación ajustadas: Los enólogos adaptan sus técnicas de vinificación a las características específicas de la uva de cada añada. Por ejemplo:

En añadas cálidas y secas, donde la uva tiende a tener mayor concentración de azúcares y taninos, se pueden implementar maceraciones más cortas y controles de temperatura más estrictos para evitar vinos excesivamente potentes o con taninos agresivos.

En añadas frías y húmedas, donde la acidez puede ser más elevada y la concentración de azúcares menor, se pueden realizar trabajos de lías más prolongados para aportar complejidad y estructura, o incluso recurrir a técnicas de concentración del mosto.

  • Ensamblaje estratégico (Coupage): Para vinos con crianza y de gran volumen, el ensamblaje de diferentes lotes de vino procedentes de distintas parcelas o incluso de diferentes variedades de uva es una práctica común. Este proceso permite compensar las posibles deficiencias o excesos de una añada específica con las virtudes de otros lotes, buscando un perfil de vino consistente y equilibrado a lo largo del tiempo. La habilidad del enólogo en el arte del coupage es fundamental para lograr esta homogeneidad.
  • Crianza controlada: La crianza en barrica de roble y/o en botella juega un papel crucial en la evolución y la homogeneización del vino. Durante este periodo, los componentes del vino se integran, los taninos se suavizan y se desarrollan aromas terciarios complejos. Una crianza prolongada y bien gestionada puede ayudar a redondear las aristas de una añada menos favorable y a aportar una mayor uniformidad al producto final.
  • Conocimiento y experiencia: Las bodegas con una larga trayectoria tienen un conocimiento profundo de sus viñedos y de cómo responden a las diferentes condiciones climáticas. Esta experiencia les permite anticipar los desafíos de cada añada y aplicar las estrategias más adecuadas para mantener la calidad y el estilo de sus vinos.

Concluyendo, para el consumidor medio que disfruta de vinos con crianza de bodegas reconocidas y de gran producción, las diferencias entre añadas no suelen ser drásticas debido a la capacidad de los equipos técnicos para gestionar la variabilidad climática a través de una viticultura y enología precisas y de la práctica del ensamblaje.

Sin embargo, es importante destacar que para los vinos de parcela única, vinos de autor o vinos elaborados en producciones muy limitadas, la añada sí puede tener un impacto más significativo y reflejar de manera más directa las particularidades del año climático. Estos vinos a menudo buscan expresar la singularidad de una cosecha específica.