¿Alguna vez has probado un vino y de repente te has transportado a un soleado viñedo, a una fresca mañana de bosque o incluso a tu cocina, recordando el olor de una tarta recién horneada Esta experiencia, lejos de ser una mera casualidad, es el resultado de una compleja interacción entre la química del vino y la fisiología humana.
El vino es una bebida extraordinariamente compleja, compuesta por miles de compuestos químicos. Muchos de estos compuestos son volátiles, lo que significa que pueden evaporarse y llegar a nuestras narices. Estos compuestos volátiles son los responsables de los aromas que percibimos en el vino.
Pero, ¿cómo es posible que un vino nos recuerde a una fruta, una flor o una especia? La respuesta se encuentra en la estructura molecular de estos compuestos. Muchas de las moléculas que confieren aroma a las frutas, flores y especias tienen estructuras moleculares similares a las de los compuestos presentes en el vino. Por ejemplo, los compuestos que le dan al vino aromas a frutas tropicales suelen tener estructuras moleculares similares a los compuestos que se encuentran en las frutas tropicales reales.
La Memoria olfativa: nuestro mapa de aromas
Desde que somos pequeños, nuestro cerebro va almacenando una enorme cantidad de información sobre los olores que experimentamos. Esta información se almacena en una parte del cerebro llamada bulbo olfatorio, que está estrechamente conectada con el sistema límbico, la parte del cerebro que regula las emociones y la memoria.
Cuando olemos un vino, las moléculas aromáticas se adhieren a los receptores olfativos en nuestra nariz. Esta señal se envía al bulbo olfatorio, donde se compara con los aromas almacenados en nuestra memoria. Si encontramos una coincidencia, experimentamos una sensación de reconocimiento y recordamos la experiencia asociada a ese aroma.
NUESTRA UVA TEMPRANILLO.
Aromas primarios de la Tempranillo:
- Frutas rojas: Cereza, frambuesa, grosella, mora. Son los aromas más característicos de los vinos jóvenes de Tempranillo, frescos y vibrantes.
- Frutos negros: Ciruela, zarzamora. Aparecen con mayor intensidad en vinos con algo más de tiempo en botella o en aquellos procedentes de zonas más cálidas.
- Frutos del bosque: Arándanos, frambuesas silvestres. Aportan un toque salvaje y complejo.
- Toques florales: Violeta, rosa. Son aromas delicados que suelen aparecer en vinos jóvenes y frescos.
Aromas secundarios de la Tempranillo. Estos aromas se desarrollan durante la fermentación y la crianza en barrica.
- Especias: Pimienta negra, clavo, canela, vainilla. Estos aromas son muy típicos en los vinos de Tempranillo criados en barrica.
- Vegetales: Tomate, pimiento, hierbas aromáticas (romero, tomillo). Aportan un toque fresco y herbal.
- Tostados: Café, cacao, tabaco. Se desarrollan en los vinos con mayor crianza en barrica.
Aromas terciarios de la Tempranillo. Son los aromas que aparecen con el paso del tiempo en botella.
- Cuero: Aporta un toque animal y complejo.
- Tierra húmeda: Un aroma a bosque después de la lluvia.
- Trufas: Un aroma muy apreciado y complejo.
- Factores que influyen en los aromas de la Tempranillo:
- Clima: Las uvas cultivadas en zonas más cálidas suelen dar vinos con aromas más concentrados y especiados.
- Suelo: Los suelos arcillosos y calcáreos aportan mayor complejidad a los vinos.
- Crianza: La crianza en barrica aporta aromas especiados y tostados, mientras que la crianza en botella desarrolla aromas terciarios.
- Elaboración: Las técnicas de vinificación también influyen en los aromas finales del vino.
